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Salirse del sistema capitalista para regresar al sistema solar – Escrito por: Fernando Ortuño

– Un texto sobre mi cambio energético, la colaboración y cómo podemos salir de la crisis actual –

Hace unos años, después de comenzar mi propio negocio, emprendí un experimento con mi familia y construimos una vida que dependía solo del sol.  Fueron varios comienzos, todos juntos: comienzo de un negocio, de una vida familiar en la costa y de una aventura solar.

La experiencia de haber empezado una empresa me ha hecho consciente de algunas cosas que ya pensaba y de otras de las que no tenía idea. El haber encontrado la energía solar como forma de vida y negocio sucedió por una señal a la cual le preste atención, culminando en lo que hasta hoy nos da de comer como familia. Desde el día uno nunca he sentido ni pensado nada negativo, nada más supe que quería hacer esto, pasara lo que pasara; el interés ha estado centrado en el asombro del funcionamiento de una celda fotovoltaica. Esto me ha llevado a experimentar lo que en un mundo capitalista significa prosperar, muchas veces sacándonos de foco, sacándonos de lo esencial. Pero, sobretodo, esto me ha llevado a reflexionar y cuestionarme muchísimas cosas sobre el mundo y sobre el sistema en el que habitamos.

Desde que hemos tenido uso de razón, desde niños hemos encendido y apagado un interruptor sin cuestionar de dónde viene la energía, ni mucho menos cuánto debo pagar al final del mes por esa electricidad que nos permite tener frío en la refrigeradora, agua caliente para tomar el café o el té, luz que nos alumbre en las noches o algo tan sencillo como la que hace funcionar a la licuadora para hacernos el batido de la mañana. Nos han hecho pensar que la tendremos por siempre, que es algo que existe, que está en nuestras vidas y que no tiene fin.

El hecho de que pensemos que la energía es ilimitada (o nos hayan enseñado a pensar de esta manera) ha generado, de forma directamente proporcional, que no tengamos medida en el crecimiento y los impactos que trae consigo el producir algo que se incorpora directamente en el mundo consumista, desde un producto que solucione nuestras vidas, un app que nos enseña como ejercitarnos, hasta los juguetes para nuestros niños desechables y que se convierten en basura.

A través del tiempo, las ideas que se plasman en cualquier negocio requieren directamente de la energía para operar y funcionar, todo se mueve con la energía. Nunca hemos parado a contabilizar el impacto de esta energía que consumimos en nuestra operación, únicamente contabilizamos el gasto energético a través de un recibo, como un número que juega en contra de nuestra economía personal o empresarial, damos por sentado que la energía que nos llega es un servicio ilimitado que con solo que paguemos, la tendremos a nuestra disposición. Es éste el hecho por el cual hemos llegado a pensar que la economía al igual es infinita y el juego de la vida se trata de quién produce más para ver quién gana más dinero, finalmente.

En menor medida sucede cuando somos conscientes de la energía que cosechamos (producir, almacenar y administrar nuestra energía): nos ponemos a pensar y analizar que esta energía es finita y que en cuanto seamos más eficientes, menos energía vamos a demandar y, por ende, productos y servicios menos dañinos para nuestro entorno.

Hoy, más que nunca debemos hacernos la pregunta: ¿Somos capaces de cosechar nuestra energía? Resolver esta parte de la ecuación se vuelve elemental y crucial para poder prosperar no solo en una economía que, de alguna manera continuará, pero en una naturaleza que nos pide a gritos que debemos hacer cuentas y balance con ella. Quizás sea la forma viable en que podamos ir creciendo siendo consecuentes y al ritmo en que la naturaleza crece.

Es el momento de que este análisis aparezca dentro de nuestras cuentas para que con esto nos obliguemos a ser conscientes y automáticamente nos pongamos en una situación de mayor complejidad, siendo el reto como humanidad el resolver de manera integral y no temporal, como lo hemos venido practicando.

Hoy más que nunca, debemos aprovechar de manera correcta nuestros recursos, siendo conscientes de que tienen un límite, cambiando la fórmula capitalista que dice que el éxito es el crecimiento que se da únicamente a nivel económico y numérico.

El balance con la naturaleza es inminente.  Debe convertirse en un sentimiento que percibimos inmediatamente de frente como personas, sintiéndolo y viéndolo de forma explícita y no implícita por medio de un estado de resultados en una contabilidad a través de razones financieras que supuestamente nos dicen que tan “sano” o que tan “bien” va nuestro negocio.

Llevamos cuatro años cosechando la energía que nuestra familia necesita para vivir y, podemos dar fe, de que realmente cala dentro de nuestro comportamiento y nos deja en la puerta de una vida más consciente. Nos hemos hecho conocedores de las diferentes partes que comprende un sistema solar los cuales nos sostienen, desde el niño de cinco hasta el de doce años, siendo los que más rápido incorporan. ¿Porqué nos cuesta tanto a nosotros los adultos, los tomadores de decisiones, entender que podemos volver a vernos como parte del sistema que siempre hemos sido? Somos seres que existimos en un sistema solar donde cumplimos funciones y existe suficiente para todos si alineamos lo que queremos con lo que realmente necesitamos.

Finalmente, todos entendemos lo valiosa que es la energía almacenada y lo importante que es cuidarla y administrarla de manera consciente y eficiente. Sabemos que solo durante el día podemos enfriar un espacio pequeño para pasar los ratos más calurosos ya que, a esas horas, es cuando más sol recibimos. Nos ha llevado también a pensar cómo utilizar el agua de manera más eficiente ya que donde vivimos es muy escasa, “¿Cuáles plantas no necesitan riego? ¿Cómo podemos reutilizar el agua después de darle tratamiento? ¿Podemos producir parte de los alimentos que consumimos en un espacio pequeño?  ¿Como nos podemos desplazar sin generar tanta huella? ¿Cómo hacemos para no consumir plástico?”. Son preguntas dentro de muchísimas otras, que nos han hecho incursionar en acciones que nos permiten un grado de autosuficiencia, pero más importante, sin darnos cuenta, un grado de balance con nuestro entorno. Al final, como resultado, quedamos con un sentimiento de simpleza que nos llena y nos enseña a compartir. Siendo esto solo el comienzo.

Después de lo que estamos viviendo como sociedad en este momento, viene el reto de emplear y aprovechar este aprendizaje a nivel empresarial, donde los retos se convierten aún mayores ya que engloba no solo la operación de una oficina, sino del transporte para poder llevar a cabo el negocio. No se trata de generar riqueza a partir de la venta de cualquier producto o servicio, en nuestro caso la venta de proyectos solares, si no de preguntarnos cómo desarrollamos la operación para que realmente seamos conscientes y consecuentes del balance con la naturaleza. ¿Somos capaces de producir la energía para lograr que esto suceda?

Son tiempos emocionantes que a ninguno hoy con vida le han tocado vivir, donde la colaboración es clave, no solo para subsistir, sino para sentirnos mejor como comunidad, como sociedad, como humanidad. El sentirnos más cerca unos de los otros hace que produzcamos una pasión colectiva, la cual será el motor para salir adelante de cualquier reto u obstáculo. Vienen tiempos de mucha oportunidad que, para aprovecharlas de la manera correcta, implica buscar la solución de manera integral, sin dejar de lado cada uno los elementos esenciales para lograrlo. Es hora de ser conscientes de lo que cuesta todo en una cadena que finalmente comprende un ciclo y que debe y tiene que girar entorno a lo que todos los días vemos demostrado maravillosamente frente a nuestros propios ojos: la naturaleza.